Se dice que aquí vivía Doña Elvira de Ulloa, hija de Don Gonzalo de Ulloa de Don Juan Tenorio, y que por eso la plaza lleva su nombre. En torno a ella se sitúan pequeños hoteles con encanto, talleres de cerámica y tiendas de artesanía tradicional. Rodeada de naranjos, bancos de azulejos y casas blancas, esta plaza resume a la perfección la atmósfera romántica del Barrio Santa Cruz. Su fachada sencilla contrasta con la riqueza de su interior, donde se guardan objetos personales de Santa Teresa de Jesús, como el manuscrito de Las Moradas y un retrato auténtico pintado por Fray Juan de la Miseria. Fundado en el siglo XVII, pertenece a la orden carmelita y aún hoy conserva su vida religiosa en clausura. Seguimos nuestra ruta por la Calle Cruces hasta llegar a la Calle Ximénez de Enciso, donde giramos a la izquierda y seguimos nuestro camino. Hoy, es uno de los rincones más fotografiados del barrio por su armonía y su aire de quietud.
Con los naranjos más altos de Sevilla, invita a detenerse unos minutos y disfrutar de su atmósfera tranquila, alejada del bullicio turístico. Y un secreto que guarda esta zona es la Plaza de Santa Marta, escondida tras un pequeño pasaje justo detrás de la estatua de San Juan Pablo II. Su fuente central, la Fuente de la Farola, añade un toque de frescura y elegancia al conjunto. Rodeando la Catedral, encontramos la Plaza Virgen de los Reyes es uno de los rincones más icónicos de Sevilla. Además, durante siglos fue un punto de celebración y procesiones, testigo de la historia viva de la ciudad. La Plaza del Triunfo debe su nombre al “Triunfo de la Inmaculada”, una antigua devoción sevillana. Pocos pasos más adelante, por la Calle Joaquín Romero Murube, se abre la majestuosa Plaza del Triunfo uno de los espacios más monumentales de Sevilla. Aunque la historia es más leyenda que realidad, ha contribuido a que este rincón se asocie con el amor y la poesía.
Es del siglo siglo XV y está decorada con un relieve en su tímpano sobre la Adoración de los Magos, obra de Miguel Perrín. Son características las marcas redondas que hay en algunas fachadas formadas por piedras de molino reutilizadas por los constructores del siglo XVI para reforzar y proteger los muros de los edificios a la altura de los ejes de los carros y evitar así los daños en las edificaciones. Desde luego, nuestro viajero se sentirá como una doña Inés cortejada por los encantos de este barrio. De modo que el visitante se topará con un entramado de callejuelas que premia al paseante con una de las mejores perspectivas de la Giralda y con rincones pintorescos para quemar Instagram. Pues lo dicho, en esta zona se afincó la judería de Sevilla, y luego acusó su marcha tras la expulsión de los judíos en 1483, aunque algunos no abandonaron el barrio definitivamente. El Barrio de Santa Cruz de Sevilla es el corazón de la Sevilla histórica con sus monumentos, las estrechas calles de la judería, sus plazas con naranjos y muchos locales con encanto para tomar tapas o hacer compras. Aquí encontrarás rincones icónicos como la Calle del Agua, la Plaza de Doña Elvira o la Plaza de los Venerables, ideales para fotos y paseos sin prisa.
Entre la catedral y el palacio se encontraba el corral de los Olmos, donde se reunían el cabildo municipal y eclesiástico. Esta fue heredada por Elvira López de Ayala, que le dio nombre al sitio. Otra zona de la huerta del Retiro fue donada por Patrimonio Real en 1862. En esos lugares se edificarían posteriormente las iglesias de San Bartolomé, Santa María la Blanca (en el barrio de San Bartolomé) y la antigua, iglesia de Santa Cruz. El cementerio de la judería se encontraba situado entre la calle Cano y Cueto y tinka web el paseo de Catalina de Ribera.
Dónde Están Los Puntos Clave
Una zona de transición hacia uno de los pulmones verdes del casco histórico, con la curiosa cruz de la Cerrajería y la huella del arquitecto Juan Talavera. Durante los siglos XII y XIII, la comunidad judía prosperó en esta zona gracias a su ubicación estratégica, protegida por la muralla y cercana a los centros de poder del Alcázar y la Catedral. Se separa de Santa Cruz por la calle Santa María la Blanca y San José, destacando en su interior la plaza y convento de las Mercedarias y la Parroquía de San Bartolomé, de esbelta torre campanario. Era el lugar usado para los que llegaban en caballos, dado que en ella se encontraba el Apeadero del Alcázar que destaca por la portada manierista del siglo XVII. En el interior de esta puerta podemos ver un retablo del siglo XVII presidido por la Inmaculada Concepción con San Joaquín y Santa Ana, San Pedro, San Fernando y en la parte alta San José. Su nombre se relaciona con las banderas que estaban pintadas sobre la puerta de la muralla que da acceso desde la plaza del Triunfo.
Seguimos nuestra ruta por la calle que queda al otro extremo de la Plaza de Alfaro y damos a la Plaza Santa Cruz, que da nombre al barrio. Este rincón, lleno de sombra y calma, contrasta con las callejuelas más estrechas del barrio y ofrece un respiro perfecto durante la ruta. Deja que absorba tiempo tras una visita grande, especialmente cuando calor o colas hacen incómodo cruzar media ciudad. Tras Catedral o Alcázar, sus calles, muros, patios y plazas pequeñas cambian la escala de Sevilla de monumental a íntima. Santa Cruz es el aterrizaje suave después de los grandes interiores. Estos puntos ayudan a entender la geografía del artículo antes de decidir la ruta.
El Barrio Santa Cruz es uno de los mejores lugares de Sevilla para disfrutar de la gastronomía local. Recorre los lugares más icónicos del Barrio Santa Cruz sin perderte con nuestra ruta paso a paso con mapa Santa Cruz no solo se recorre, su magia radica en cómo combina historia y emoción en un espacio pequeño y lleno de vida. Hoy sigue siendo uno de los lugares más visitados de la ciudad, un barrio que conserva su alma histórica mientras sigue vivo y vibrante. Antigua judería medieval y hoy uno de los rincones más encantadores de la ciudad, Santa Cruz es un barrio para perderse sin prisa, para descubrirlo paso a paso y dejarse sorprender por cada esquina.
La figura de Don Juan tiene sus raíces en Sevilla, donde se ambienta gran parte de la obra. En el centro se alza una escultura dedicada al seductor sevillano creado por José Zorrilla, cuyo mito ha quedado para siempre ligado a la ciudad. Al final del Callejón del Agua llegarás a la Plaza de Alfaro, un pequeño espacio rodeado de vegetación que sirve de transición hacia los Jardines de Murillo, uno de los pulmones verdes más emblemáticos de Sevilla. Recorre este callejón despacio, sobre todo al atardecer, cuando la luz se filtra entre las flores y el aroma a azahar impregna el ambiente. Además, bajo este patio se han encontrado restos arqueológicos de época romana y musulmana. El recorrido comienza en el Patio de Banderas, una amplia plaza porticada que perteneció al recinto interior del Real Alcázar de Sevilla. Para disfrutar al máximo del recorrido, te recomendamos seguir esta ruta circular que comienza en el Patio de Banderas y termina en la animada calle Mateos Gago, perfecta para tapear con vistas a La Giralda. Sus calles estrechas, sus patios llenos de flores y sus plazas escondidas guardan siglos de historia, desde la antigua judería medieval hasta la Sevilla romántica que inspiró a escritores y artistas de todo el mundo.